
Upa, mamá
Lee el comienzo gratis · 4 escenas
Un atardecer naranja, camino a casa. Una esquina más, y llegaban. Los pies de Nico se detuvieron, así, de golpe. Las manos de Mamá iban llenas: las bolsas del mercado. Los brazos de Nico iban llenos: Pepa, su conejita. Bajo el cielo naranja, Nico dijo bajito: —Mamá… oye…

Cuando Nico era chiquito, el mundo entero cabía en los brazos de Mamá. Las luces de la feria, vistas desde upa. El sonido de la lluvia, escuchado desde upa. Y cuando llegaba el sueño, el pecho de Mamá. Tucun, tucun. El lugar más alto del mundo. Y el más calientito, también.

Ahora Nico ya sabe hacer muchas cosas solito. Los zapatos — solito. La escalera — solito. —¿Ya estoy grande? ¿O todavía chiquito? Mamá se ríe y dice: —Las dos cosas. Y el que lleva a Pepa en brazos es siempre Nico. Nico hace upa a Pepa. Mamá hace upa a Nico. Así había sido siempre, siempre.

Pero hoy, las piernas de Nico están agotadas de tanto jugar. —Upa… —empezó a decir. Y entonces se acordó. Lo que dijo ayer, muy orgulloso: «¡Nico ya está GRANDE!» Mamá dejó las bolsas en el suelo, despacito. Se agachó. Abrió los brazos. —¿Vienes? ¿Qué hará Nico?

Las piernas de Nico están cansadas. Pero ayer dijo «ya estoy grande». Y tú, ¿qué harías? ¿Caminar solito? ¿O… solo por hoy, upa?
Toca para elegir